no viene en bandeja hasta la mesa
ni espera impaciente en los mercados,
no aguarda cocinándose en las ollas
ni es exclusivo de paladares finos.
El alimento
solo aparece,
como fruto de un árbol invisible
que se nutre del afuera.
Fruto
que se descubre
raro como una joya,
y se vuelve pasajero;
que se multiplica
como hierva de primavera,
y se hace perecedero.
En vano intento conservar reservas
en el almacén de mis adentros
Salgo al mundo,
raramente,
para alimentar el estomago
que inquieto y punzante
reclamaba su ración diaria.
Salgo, sí,
generalmente,
para encontrar algo
en el aire,
en las calles,
entre baldosas y pisadas,
algo más
que llene el espacio
vacío y complejo
del que no hablan
los libros de anatomía.
_M.O.
que llene el espacio
vacío y complejo
del que no hablan
los libros de anatomía.
_M.O.